En 1997, Orantes fue asesinada por su esposo después de que ella describió su abuso en televisión. Su testimonio condujo a reformas cruciales para proteger a las víctimas de violencia doméstica.
La primera vez que su esposo la golpeó, Ana Orantes Ruiz pensó que le había fracturado los huesos del rostro. Estaban recién casados y vivían en casa de los padres de él. Al escucharla gritar, su suegro entró corriendo a la habitación y golpeó a su hijo.
Orantes le dijo a su suegro que no tenía idea de por qué su esposo la había golpeado. Pero de todas maneras ella se sintió culpable y pidió disculpas. Su esposo le respondió escupiéndole en la cara.
En poco tiempo, las golpizas se volvieron habituales. A veces, su esposo la agarraba por el cabello y la estrellaba contra una pared. Después del trabajo, solía ir a una taberna con sus amigos para jugar cartas, llegaba ebrio a casa y la golpeaba por cualquier motivo, alegaba que había movido una silla de lugar o había colocado un vaso boca abajo.
Durante cuatro décadas, Orantes intentó escapar de su situación muchas veces; acudió a la policía, intentó divorciarse. Pero vivía en España, donde, como en casi toda Europa, no existían leyes que protegieran a la mujer de la violencia doméstica.
Su divorcio fue finalmente concedido en 1996. El año siguiente, Orantes superó sus miedos y salió en televisión para hablar sobre el abuso que había sufrido. Trece días después, fue asesinada por su esposo de una manera tan cruel que la gente sigue hablando de eso hoy en día.
Al contar su historia, Orantes tenía la esperanza de que otras víctimas de violencia doméstica encontraran consuelo en saber que no estaban solas, que se podía hacer algo por mujeres como ella, mujeres que se casaron siendo muy jóvenes sin saber bien qué hacer.
Pero contar su historia solo había provocado, una última vez, la furia de su esposo. Al final, fue su trágica muerte, ocurrida el 17 de diciembre de 1997, la que llevó su historia a la conciencia nacional y allanó el camino para la promulgación de reformas legales importantes que protegerían a las mujeres españolas.
En el programa de televisión vespertino De tarde en tarde, transmitido por CanalSur en su nativa Andalucía, Orantes fue presentada por la conductora, Irma Soriano, como una madre de ocho hijos de 60 años. Por espacio de 40 minutos, Orantes recordó y relató con detalles gráficos la violencia que comenzó poco después de que ella, con 19 años, se casara con José Parejo, a quien había conocido en una fiesta en la ciudad de Granada. Al inicio, Orantes vivió con sus suegros mientras su esposo cumplía el servicio militar lejos.
Los problemas empezaron apenas regresó. Parejo mantuvo a Orantes bajo estricta vigilancia.
“Si yo me acercaba a una ventana a echar la persiana y por casualidad ha pasado un hombre y se ha quedado mirándome, él me ha dicho ‘¿de qué te mira ese tío? ¿Te conoce? ¿Te has acostado con él?’”, le relató Orantes a la entrevistadora de la televisión.
Parejo le dijo que ella era demasiado inculta como para permitirle hablar y le prohibió asistir a las bodas de sus propios hermanos. Orantes dijo que visitaba a su madre en secreto, porque “yo no podía ver a ninguno de mi familia. Él me quitó que yo viera a mi familia”. Cuando su madre le preguntaba por sus heridas, Orantes decía que se había hecho daño al desmayarse por tener la presión baja.
“No tenía adónde irme”, dijo. “Yo tenía que aguantarlo. Tenía que aguantar que me diera paliza sobre paliza”.
Una de sus hijas, que tenía 10 años en ese momento, dijo que su papá le había tocado los muslos de forma inapropiada bajo la mesa durante la cena. Cuando Orantes confrontó a su marido él acusó a la chica de inventar la historia y luego golpeó a su esposa y le advirtió que no lo denunciara. Después de eso, la chica se asustó y “a partir de ahí ya no me decía nada”, dijo Orantes.
En otra ocasión, en una emergencia, Orantes había llevado a su hijo de ocho años al médico. Al volver a casa, la encontró cerrada y su esposo estaba esperándola, rodeado de sus otros hijos. Cuando ella le explicó dónde había estado, “me dio una paliza para matarme”, dijo. Él la acusó: “Que yo no había ido al médico, yo había ido a acostarme con todos los tíos del Albaicín”.
Al final de la aparición televisiva de Orantes, la presentadora le ofreció ánimo. Orantes respondió: “Lo único que me pesa es no haberlo hecho antes”.
Fuente: www.nytimes.com
