La columna de Paula Winkler

Sobre el bienestar de las mujeres en la tecnología


Por Paula Winkler

La tecnología, en constante e indiscutible avance, las ciencias y las políticas públicas y de organizaciones no gubernamentales del planeta se ocupan de las mujeres.

Digo “las mujeres” en sentido de que incluyo a cada mujer, a cada una de nosotras, en el una-a-una. No existe “la” mujer más que en las metonimias y en los números. En tal sentido, no está nada mal recordar que nuestra época discursiva se viene construyendo con generalizaciones, prejuicios, metáforas hegemónicas (masculinas, nacidas en el poder o en la propaganda o, incluso, femeninas –de poder o improvisadas-), cuyo resultado está a la vista: la fuerte resistencia a recuperar nuestros significantes, debido a deglutir textos ajenos, que aunque bien intencionados, provienen de emisores que semantizan nuestras vidas, salud y bienestar sin hacerse cargo de su localización en la episteme, en el conocimiento. Reconocer desde dónde se habla evita la pontificación y excesos de romantizaciones por parte de las usuarias.

Leer, una actividad imprescindible no solo porque te integra al mundo sino también pues permite que crezcas en voluntad y saberes, que honres tu vida. Ni qué hablar si sos escritora, poeta, y no, escribidora, “poetisa”… Inconcebible hacerse de textos, construyéndolos o comentándolos o ambas cosas, si no leés, leíste y seguís leyendo a los clásicos, a tus contemporáneos; los textos de otros y otras. Quien bien lee, interpreta y mejora el mundo. Una buena lectora es una activa hermeneuta: alguien que no comparte prejuicios sino que averigua en vez de meterse en la ola sin saber surfear, una mujer que tiene creencias de base argumentada y sólida, participe o no de la mayoría o de las minorías en su país. Resumiendo, una lectora sabe mirar en tanto no se limita a reproducir lo que ve.

La variante de la tecnología en boga es el Femtech (female technology), que se ocupa del software, las aplicaciones y de las plataformas sobre diagnósticos médicos tanto en salud física como mental y de todo aquello que hace a nuestro bienestar. Chatbots y telemedicina compensan a poblaciones carentes de recursos profesionales médicos y acercan voces de cuidado con grupos que contengan a mujeres vulnerables y no vulnerables.

Sin embargo, en relación con el tema de este sector de la industria tecno habría que analizar respecto de qué mujeres y en qué contexto se están diseñando estas plataformas y aplicaciones. Y aquí la pregunta: ¿es igual el malestar físico y emocional de una mujer sufriente en las guerras en el Sudán africano, en la guerra de Ucrania, en la de Israel y Medio Oriente; se iguala el daño al de mujeres que han perdido sus casas y su destino debido a las catástrofes climáticas y al de otras que viven en países emergentes o en los desarrollados? De la salud mental y salud física de qué mujeres estamos hablando. Hay lugares en el planeta que no poseen conectividad fácil o, incluso, carecen de ella. Qué mujer representa a cuál o más bien: ¿existe qué derecho a diseñar e investigar desconociendo el perfil y los dramas concretos de cada una? La medicina urbana no se parece a la rural, mucho menos a la de trincheras, donde no llegan los insumos, las cirugías se practican precariamente y pululan los misiles y los drones.

Este particular modo de hacer las cosas, generalizando, abstrayendo y construyendo ¿qué clase de puentes habilita entre mujeres? ¿En los discursos de quiénes delegamos nosotras, mujeres, sin darnos cuenta, nuestra irrepetible singularidad? El enlace social requiere de lo colectivo. Nadie lo niega. Así, en los derechos procesales modernos se protegen no solo derechos. También los intereses mancomunados de asociaciones o colectivos; sensatez jurídica obvia impide que se niegue la legitimación activa para denunciar y reclamar por parte de grupos con objetivos comunes y tal. Sin embargo, la IA, las plataformas crean sobre la base de estadísticas y metonimias. El conocido algoritmo, merced al cual las mujeres somos un número, un “perfil tipo”.

Si la salud y el bienestar emocional femeninos dependen de las matemáticas y de grandes estrategas tecno, a mi juicio, estamos fritas: la autonomía empieza por casa. Somos cuerpo, energía, aparato psíquico y pensamiento. Lo tangible y lo subconsciente. Puede que el Femtech, tenga buenas intenciones y concrete “soluciones”. Pero nosotras deberíamos procesar también lo que nos es propio. Los colectivos impulsan, modifican, presionan, influyen. Son imprescindibles. Los colectivos tecno, las redes parece que también… Sin embargo, decía Baltasar Gracián: “Saber con recta intención asegura fecundidad de aciertos. Ciencia sin seso, locura doble”. Les dejo la inquietud.

Foto portada crédito mujeres.expansion.mx