Por Andrea Albertano
Cristina Yagüe y María Falcón impulsan un proyecto que recupera viñedos antiguos, explora variedades autóctonas y construye vinos atlánticos con identidad propia. Todo comenzó en una cata de vinos. Allí se conocieron: Cristina, ingeniera agrónoma y enóloga formada en Madrid, y María, tercera generación de una familia bodeguera de Rías Baixas. La afinidad fue inmediata y pronto derivó en una colaboración que, en 2016, daría origen a Anónimas Wines: un proyecto vitivinícola que pone en valor el viñedo viejo, las variedades autóctonas gallegas y la expresión del territorio atlántico. Desde aquellas primeras 800 botellas elaboradas a partir de Caíño —una casta minoritaria y de marcada identidad, cepa de uva tinta autóctona de Galicia — hasta las más de 30.000 que producen hoy, el camino de Anónimas ha estado marcado por la exploración constante. Rosados atlánticos sobre lías, Albariños criados en ánfora o en botas singulares, parcelas recuperadas en Ribeira Sacra y nuevas elaboraciones en Rioja Alavesa forman parte de un proyecto que busca una idea clara: vinos con alma, fieles al paisaje y pensados para la mesa. De esto y de muchos otros temas, charlamos con ellas para JuAn Delicias Magazine.
-Antes que nada nos gustaría que se presenten.
–Cristina Yagüe: Tras estudiar Ingeniería Agrónoma me especialicé en Enología y Viticultura en la Universidad Politécnica de Madrid. Después de trabajar en diferentes zonas vitivinícolas y en otros proyectos agrarios, decidí trasladarme a Galicia en el año 2012 con mi pareja, cambiando así mi destino habitual de mar, playa, gastronomía y vacaciones por una nueva etapa personal y profesional, para vivir y disfrutar todo el año.
–María: pertenezco a la tercera generación de bodegueros y viticultores de Rías Baixas, fundadores de una de las bodegas pioneras de la denominación de origen. Con formación en gestión y administración vitivinícola así como en viticultura, gestioné la bodega familiar durante más de 10 años.
-Hablemos de Anónimas Wines. ¿Cómo nació su proyecto y cómo creen que evolucionó desde aquellas primeras ideas hasta lo que son hoy?
-Nos conocimos en una cata de vinos y empezamos a colaborar en la bodega familiar gestionada por María, elaborando un tinto con la variedad Caíño, casta autóctona muy apreciada de la que existen muy pocas parcelas antiguas, con la que Cris ya estaba trabajando y que, por sus características atlánticas tan singulares, nos había conquistado a las dos desde el principio. Tuvimos muy buena conexión y esa colaboración dio lugar rápidamente al inicio de nuestro proyecto, apostando por una elaboración novedosa: un rosado atlántico sobre lías elaborado a partir de esta misma uva. Así, en 2016 elaboramos la primera añada del rosado y del tinto, ambos a partir de esta variedad, tradicionalmente cultivada en la zona del Salnés, con características únicas por su extraordinaria acidez y especiales aromas que le confieren un notable y singular carácter atlántico. La uva procede de una única parcela de viñedo muy antiguo, de más de 120 años, con cepas sobre pie franco, localizada en el municipio de Cambados.
¿Y cómo siguió este proyecto?
En 2017, se une la elaboración de un vino de la variedad Albariño D.O. Rías Baixas, procedente de cepas de 40 años con conducción en emparrado, asentadas sobre suelo granítico, y ubicadas en la zona, a escasa distancia de la ría de Arousa. Nace así la serie Os Dunares, inspirada en el paisaje y las características del ecosistema dunar atlántico que conforma numerosas zonas del litoral gallego.
En 2018 iniciamos los trabajos de recuperación de diversas parcelas ubicadas en la zona suroeste de la D.O. Ribeira Sacra y comenzamos con la elaboración del Mencía Catro e Cadela y la línea de vinos Anónimas Viticultoras: el tinto Abelairas, procedente de la parcela de 70 años del mismo nombre, de Mencía y Garnacha en el concello de Carballedo (Ribeira Sacra), y el blanco Pedramogueira, de una finca recuperada de Albariño y Godello de 35 años en el lugar de Pedramogueira, en Vilagarcía de Arousa, a escasos 400 m del mar.
Actualmente hemos ampliado el proyecto elaborando vino a partir de viñedo viejo en Rioja Alavesa: un blanco de Viura y un tinto de Tempranillo y Garnacha. Desde esa primera añada con apenas 800 botellas hasta ahora, hemos ido creciendo poco a poco hasta alcanzar las 33.000 botellas.
Nos ha costado mucho esfuerzo, ya que en los primeros años invertíamos los beneficios de la venta de vino en poder seguir creciendo. Nuestra idea es acercarnos a las 50.000 botellas, situando la calidad, la identidad de nuestros vinos y la filosofía del proyecto en el lugar más importante en la toma de decisiones.
-¿Qué les sigue sorprendiendo del trabajo vitícola en Rías Baixas después de varios años?
-Durante muchos años la denominación de origen se ha centrado en la producción de vinos tomando como foco la variedad Albariño, y ahora se está volviendo a dar valor a vinos de tipo parcelario, donde se potencia más la zona de origen o incluso la parcela.
-¿Qué particularidades del territorio gallego sienten que todavía están poco contadas, incluso dentro de España?
-La riqueza de variedades autóctonas de perfil singular y que están muy adaptadas al territorio. También la multitud y peculiaridad de microclimas en las distintas D.O. gallegas.
-¿Cómo dialogan tradición y experimentación en su forma de trabajar?
La tradición en el manejo del viñedo y en el conocimiento de las distintas variedades es clave y tiene mucho peso a la hora de experimentar con ellas. Es el caso del rosado, en el que fuimos pioneras en la elaboración de este tipo de vino; la experimentación con la variedad Albariño, explorando su máximo potencial a través de su crianza en distintos envases como la bota de palo cortado (NdR: técnica muy usada en los vinos de Jerez) o en ánfora de cocciopesto (NdR: mezcla de agregados de fragmentos de tierra y piedra, fibras, arena, aglutinante de cemento y agua), elaboraciones en las que también fuimos pioneras en la D.O. envases con las que otras bodegas ya están trabajando en la actualidad. O la elaboración de la variedad ancestral minoritaria Ratiño, que solamente elaboramos dos bodegas en la D.O. Rías Baixas.
-La colaboración con otras mujeres como una constante en Anónimas. ¿Qué les da el trabajo colectivo que no aparece en los proyectos individuales?
-La colaboración con otras mujeres nos permite sumar talento y seguir aprendiendo, compartir conocimientos y distintas visiones a partir de la experiencia de cada una para avanzar hacia un objetivo común, lo que nos resulta especialmente enriquecedor.
-¿Cómo se construye confianza cuando se trabaja con viñedos, estilos y zonas distintas?
-Dando como resultado vinos fieles a su lugar de origen, fieles a las variedades con las que están elaborados y tratando de conseguir, a la vez, una línea personal, como un hilo conductor que representa e identifica toda la línea de vinos de Anónimas: vinos con alma, fieles a un paisaje, muy disfrutables, gastronómicos y con buena frescura.
-¿Cómo manejan la tensión entre intuición y técnica en la elaboración?
-La intuición es muy importante; nos ayuda a guiarnos en la interpretación de los vinos que queremos elaborar y a tomar decisiones teniendo en cuenta factores como las características de cada añada, cómo evoluciona cada vino en el tiempo y lo que nos dice nuestra propia experiencia. Hacemos vinos con baja intervención y, con el manejo técnico, acompañamos de la mejor manera posible todos estos factores; la intuición va de la mano de la técnica.
-¿Qué cosas creen que todavía siguen siendo estructurales y difíciles de mover?
-En Galicia pensamos que vamos por delante con respecto al resto de España en cuanto a la visibilización de la mujer en distintos puestos de responsabilidad, desde el viñedo hasta la dirección en bodega: aquí están visibles y reconocidas las viticultoras, directoras técnicas, enólogas y mujeres que incluso agrupan todos esos cargos.
Fuente JuanDeliciasMagazine

