Como se sabe, el Gobierno afronta una serie de casos que lo afectan no tanto judicialmente, al menos por ahora, sino políticamente. Andis, $LIBRA, y el más reciente y resonante, el del jefe de Gabinete Adorni, a quien se lo investiga por gastos de viajes, compras de propiedades y remodelaciones.
Sin embargo, el asunto más preocupante y pesado es uno al que el Gobierno no reconoce como tal: la crisis económica que padecen grandes sectores sociales. Por un lado, trabajadores, jubilados, comerciantes, Pymes, es decir un amplio espectro de lo que es la clase media argentina.
Por otro lado, los sectores excluídos históricamente, que no pudieron ni pueden superar una vida indigna, en muchos casos no por voluntad propia, sino por acciones de gobiernos que entorpecieron el camino hacia una existencia mejor.
A la histórica culpa echada al gobierno precedente, este gobierno ha culpado a todo el arco político (casta), a empresarios (prebendarios o que no hacen bien las cosas), periodistas a los que no se los odia lo suficiente (el 95% calificado de «chorros», «corruptos»). Es decir, del insulto solo se salvan los aliados y amigos.
Los cantos y bailes del presidente, el «panic show» sobre el escenario, fue bueno para el márketing, pero nada se logra solo con el márketing si el producto no es bueno. Y no puede decirse que este producto sea bueno, cuando luego de más de dos años de gobierno la gente no siente el aroma de mejoras en sus bolsillos.
En esta argentina tal como la conocemos, y aun cuando no sea lo correcto, si la economía familiar estuviera bien, el caso Adorni sería tema para que el periodismo predicara en el desierto. Pero como casi todo está mal, por más que se muestre una realidad pintada, Adorni es un lastre extra que termina hundiendo el barco. Y con este naufragio muchos argentinos se ahogan.
Mucha gente que votó a Milei está desencantada, y si bien es posible que no quiera retornar al pasado, es probable que tampoco vuelva a apostar por este presente.
