Por Marisa Plano*
Vivimos en un mundo donde todo pasa rápido, donde un mensaje se responde en segundos, donde una historia dura apenas unas horas y, sin embargo, hay algo que cada vez tarda más en aparecer: el encuentro real.
Nunca estuvimos tan conectados, y al mismo tiempo, están solos.
Hablamos mucho, que lo escuchamos poco.
Mostramos mucho, pero sentimos en silencio.
Estamos disponibles, pero no siempre presentes.
Y en medio de tanto ruido, lo que más necesita una persona no es un consejo, es sentirse vista.
Quizás hoy el verdadero desafío no sea estar en todos lados, si no animarnos a estar de verdad en un solo lugar: con el otro.
Volver a lo simple, a la palabra sincera, al tiempo compartido a ese gesto que dice «ESTOY ACÁ».
Por qué en un mundo que corre, detenerse también es un acto de amor.
*Lic. en Ciencias de la Educación
Fuente foto IG psicoactivavalencia
