Por María Alexandra Barreto
En una calle tranquila del barrio porteño de Almagro, el Museo Kosice abre sus puertas como una cápsula futurista. Situado en una casona antigua en Humahuaca 4662, su ingreso tiene una luz que se filtra entre superficies transparentes y el sonido leve del agua en movimiento anticipa una experiencia distinta.
No se trata sólo de recorrer una colección, aquí el visitante se sumerge en el universo experimental de Ferdinand Fallik, más conocido como Gyula Kosice, artista eslovaco-argentino pionero del arte cinético y cofundador del Movimiento Madí (uso de formas geométricas puras y abstractas como base de la creación artística).
Para quienes buscan qué hacer en la Ciudad de Buenos Aires, más allá de los circuitos tradicionales, el Museo Kosice se presenta como una opción cultural imprescindible, íntima, innovadora y profundamente sensorial.
El recorrido por el icónico sitio rompe con la idea clásica de sala silenciosa y obra estática. Las esculturas originales parecen respirar. El agua asciende por tubos de acrílico, desciende en burbujas iluminadas y dibuja trayectorias hipnóticas. La luz, cuidadosamente integrada, transforma cada pieza en una escena cambiante. Kosice fue un adelantado en la incorporación de materiales no convencionales.
En el museo pueden descubrirse estructuras en acrílico translúcido, formas geométricas suspendidas y obras lumínicas que dialogan con el espacio. Cada pieza plantea una pregunta sobre el movimiento, la energía y el futuro.
La experiencia es envolvente: el visitante no sólo mira, sino que percibe la vibración del agua, los reflejos y las transparencias. Esta combinación convierte al Museo Kosice en uno de los museos más originales de Argentina.
Uno de los núcleos más impactantes del museo está dedicado a la Ciudad Hidroespacial, un proyecto visionario que el escultor desarrolló durante décadas. Frente a las maquetas, el espectador contempla estructuras suspendidas, plataformas elevadas y módulos habitacionales flotando en el aire. Las piezas, construidas con acrílico y circuitos de agua iluminada, parecen anticipar escenarios de ciencia ficción. La propuesta tiene una base concreta, imaginar nuevas formas de habitar el planeta ante el crecimiento urbano y la crisis de recursos.
En este sector del Museo Kosice, la dimensión estética se fusiona con la reflexión urbanística y ambiental. La transparencia de los materiales refuerza la idea de liviandad y expansión, mientras la circulación del agua simboliza energía y vida. La Ciudad Hidroespacial convierte al museo en un espacio donde arte, arquitectura y pensamiento ecológico dialogan con sorprendente vigencia.
Entre los aspectos más destacados del atrapante rincón cultural se encuentran sus esculturas hidrocinéticas. El agua, elemento inusual en el arte del siglo XX, se transforma aquí en materia escultórica. No es un recurso decorativo: es estructura, movimiento y concepto.
Al recorrer las salas, se puede observar que el líquido recorre conductos transparentes impulsado por mecanismos invisibles. La iluminación resalta cada burbuja y cada desplazamiento, creando una atmósfera casi espacial. Esta fusión de tecnología y poesía posiciona a Kosice como un precursor del arte tecnológico en Argentina.
Crédito Foto : María Alexandra Barreto
El resultado es una experiencia inmersiva que diferencia al Museo Kosice dentro de la oferta cultural porteña. Es un ideal para quienes se interesan por el arte contemporáneo, la innovación y el cruce entre disciplinas.
El espacio es gestionado por la Fundación Kosice, que trabaja en la conservación del patrimonio del artista y en la difusión de su pensamiento. Además de la exhibición permanente, el museo impulsa visitas guiadas y actividades educativas orientadas a estudiantes, investigadores y público general.
La escala del museo permite una cercanía poco habitual con las obras. No hay distancias monumentales, cada estructura puede observarse en detalle, apreciando la precisión técnica y la delicadeza de los materiales. Esta proximidad refuerza la dimensión experimental del conjunto.
Visitarlo es, en definitiva, ingresar a un laboratorio poético que desafía las categorías tradicionales del arte. Una experiencia que combina innovación, historia y visión de futuro en pleno corazón de la ciudad.
Conociendo a Gyula Kosice: El inventor nació en el seno de una familia húngara, en la ciudad de Kosice, el 26 de abril de 1924. Llegó a la Argentina a la edad de cuatro años. Naturalizado argentino, fue escultor, pintor, teórico y poeta.
Crédito Foto : Secretaría de Cultura de la Nación.
Considerado el precursor en la escultura hidráulica y del arte de vanguardia cinético-lumínico, fue cofundador de la Revista Arturo (1944) y creador de Röyi, la primera escultura articulada y móvil (1944). En 1946, con Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss, creó el Movimiento de Arte Madí.
Fue pionero a la hora de valerse de la tecnología para crear y un referente ineludible para comprender el resultado de esta relación. El artista tomó por nombre el de su ciudad natal, un modo de recordarla para siempre. “Kosice” a secas, así prefería que lo llamen.
En octubre de 2017, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró ese espacio de Interés Cultural. Por otro lado, su nieto Max Pérez Fallik está a cargo del Museo tras haber trabajado varios años con su abuelo. Vital y apasionado, Kosice aseguraba que su mejor obra “es la que está (estaba) por venir”.
Para visitar el Museo Kosice: La compra de entradas se realiza a través de la página www.kosice.com.ar
La entrada incluye: Acceso guiado por educadores especializados (aproximadamente una hora de duración).
La entrada general tiene un costo de $12.000; menores de 8 años, estudiantes, discapacitados, jubilados y pensionados $8.000.
Fuente Nota al Pie
Foto portada M. Alexandra Barreto


