Un amplio sector de la sociedad va moldeando la idea de que Argentina necesita una nueva figura política, que satisfaga las necesidades y derechos de sectores argentinos afectados por políticas equivocadas desde hace tiempo hasta hoy mismo.
La actual recesión que no puede disimularse, debido a un fuerte ajuste que se hizo en medio de una sociedad en crisis y empobrecida (lo que significó poner el carro delante del caballo), la falta de poder adquisitivo, el desempleo y el empleo mal pago, la ola importadora que arrasa con la industria nacional, la triste situación de los jubilados y una pobreza que se ha bajado con fórmulas de un INDEC con descrédito, pero que persiste en la realidad, hace que cada día surja en los deseos de mucha gente la aparición de un dirigente que saque al país de la crisis con más actitudes sensatas y menos bailes en balcones y shows en escenarios.
Según sondeos, hay un amplio sector social (que va creciendo) que ni quiere volver al pasado conocido, ni está conforme con los resultados de la política de los Milei. Desencantados muchos argentinos que no se dejan convencer con discursos y militantes digitales en las redes, aspiran a algo nuevo, serio, honesto y talentoso que defienda los intereses de la Patria y sus ciudadanos.
Acaso no por casualidad, en las redes sociales y en comentarios de muchos medios surge la vicepresidenta Victoria Villarruel, cuya figura parece ir creciendo exponecialmente día tras día.
Algunas frases suyas empiezan a resonar en el universo argentino:
“No robo, laburo mucho y con responsabilidad, y no he realizado traición alguna. El resto son chismes de panadería”,
“Porque en esta soy muy buena. Y decente, una condición en extinción”.
«Ustedes creen que se debe ser servil y no lo soy»
Y las últimas y contundentes palabras: «Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de gobierno. Sin industria, se pasa a depender hasta en lo más mínimo de China, un país comunista. Para Trump primero está Estados Unidos, para mí, primero está la Argentina. La apertura total y libre de las importaciones solo favorece la dependencia de China y profundiza las emergencias económicas y sociales. Tenemos todo para ser una potencia mundial. No debemos conformarnos con ser un país de servicios»
Parece que en Argentina empiezan a soplar nuevos vientos.
