Por Marisa Plano*
Hablar de derechos humanos no debería remitir solo a documentos internacionales, fechas conmemorativas o discursos institucionales. Los derechos humanos existen verdaderamente cuando se encarnan en la vida cotidiana, en cómo tratamos a quien piensa distinto, en cómo miramos al que sufre , en cómo defendemos la dignidad incluso cuando nadie nos ve.
Cada gesto de respeto, cada escucha sincera, cada acto de justicia cotidiana es una forma silenciosa, pero poderosa , de ejercer derechos humanos. No se trata solo de grandes luchas históricas, sino también de las pequeñas decisiones diarias que construyen sociedades más humanas.
Por eso, promover los derechos humanos implica también revisar nuestras prácticas, nuestras palabras y nuestros silencios. Implica preguntarnos si nuestras acciones incluyen o excluyen, si alivian o profundizan heridas, si construyen puentes o levantan muros.
Además, los derechos humanos no se sostienen solo desde las instituciones, se fortalecen en las escuelas, en las familias, en los espacios comunitarios y en cada vínculo donde alguien decide cuidar, respetar, y no mirar para otro lado.
Ahí es donde empieza el verdadero cambio: NO EN LOS TRATADOS, SINO EN LAS PERSONAS.
*Lic. en Ciencias de la Educación
Fuente foto senalcolombia.tv
