Por Ane Amondarain
‘La hojarasca’ es la ópera primera de la cineasta y realizadora canaria Macu Machín. A caballo entre la ficción y el documental, esta es posiblemente una de las mejores historias de mujeres del audiovisual español de este año, en la que Machín narra una «fábula en torno a la tierra, el tiempo y los vínculos familiares», y en la que toma como protagonistas a su madre y dos tías.
«La idea de este proyecto surge cuando vivía en Buenos Aires. Estando tan lejos de casa, de la familia y de mi tierra supongo que fue creciendo ese deseo de regresar y también de pensar en torno a los vínculos que nos conforman, nos hacen crecer y madurar. Fue la distancia la que movió ese motorcito y ahí comencé a fabular sobre el regreso y un reencuentro», confiesa Machín en una entrevista a Efeminista.
Esta película, coproducida por El Viaje Films, narra la historia de Elsa y su hermana menor Maura, quienes regresan a la casa natal tras más de dos décadas. Allí vive Carmen, su otra hermana, quien mantiene en soledad las precarias propiedades familiares. La enfermedad degenerativa de Maura no deja de avanzar, mientras Elsa pretende resolver con Carmen el reparto de la herencia de sus padres.
Tras una amplia trayectoria en el cortometraje, con títulos como Geometría del invierno, El mar inmóvil o Quemar las naves, Machín se adentra en esta historia real de suspense con personajes reales.
Elsa es la madre de Machín, y Maura y Carmen, sus dos tías. Que las protagonistas fueran sus familiares reales era clave, porque esta era su historia.
«Cuando vivía fuera las recordaba y rememoraba el vínculo tan complejo entre ellas, donde percibía mucha complicidad y compenetración cuando se reunían. Pero, por otro lado, recordaba esas tensiones puntuales donde saltaban las chipas en torno a temas delicados como la herencia. Mi familia no es rica, entonces que se pelearan por trocitos de tierra que apenas valían me hizo plantearme cuáles son los temas que verdaderamente nos importan. Me parecía que así había un plus de fragilidad y de verdad», relata.
Una cinta cocinada a fuego lento
Machín marchó a Buenos Aires para formarse en cine documental y se quedó por diez años. Años después de su retorno a la Palma, en 2013, fue cuando verdaderamente comenzó a meditar sobre cómo hacer real este proyecto. Entonces, en 2020 llegó la pandemia y un año después, la erupción volcánica. Todo ello, hizo que este proyecto se gestará a fuego a lento, lo que permitió a la cineasta pensar cada detalle.
«Estos momentos me sirvieron para pensar, para seguir reflexionando y ver cómo integrar distintos elementos que quería incorporar para cocinar esto a fuego lento con el tiempo que necesitaba», asegura.
Prueba del éxito de la cinta son las dos Biznagas de Plata, a Mejor Película española y a Mejor Dirección, dentro de la Sección Zonazine del Festival de Málaga.
Tras pasar también por la Berlinale, el palmarés ha continuado creciendo con el premio a la Mejor película española de Documenta Madrid, el Premio Richard Leacock al Mejor largometraje del Festival de Las Palmas de Gran Canaria o el Premio a Mejor película canaria de MiradasDoc.
Machín, describe a las protagonistas de esta película como «tres mujeres que han tenido una infancia dura y que se han criado en el campo con una familia de muy pocos recursos, conformada por mujeres. Y eso les ha dado un carácter particular», explica.
Asimismo, comparte que las tres hermanas representan distintos arquetipos femeninos universales y que aunque se trate de una historia particular puede llegar a cualquier espectador o espectadora porque esta historia «funciona como un espejo».
Preguntada por los arquetipos que representan las protagonistas, la cineasta señala que cada una de ellas «ha heredado distintas cosas de manera simbólica».
«Una ha heredado la tierra y otra ha heredado los cuidados de su hermana pequeña, y eso genera un conflicto entre las dos hermanas mayores. Y luego está el personaje de Maura, que representa la pureza y la inocencia porque tiene una capacidad maravillosa de perdonar. Aunque no entienda de qué tratan esos conflictos, ella tiene la capacidad de poner amor entre sus dos hermanas mayores», continúa.
Es por ello que los vínculos y los celos son centrales en la cinta. Una cuida la casa de los padres y la otra a su hermana. «Entre lo material y lo emocional, asaltan las sensaciones y los recuerdos que nos conectan y desconectan de nuestras propias familias», anota.
La cineasta asegura que la isla de la Palma fue un matriarcado en el siglo XX. «La mayoría de los hombres emigraron a América, Cuba, Venezuela… Algunos regresaron, pero la mayoría no y las mujeres quedaron a cargo de las tierras, los animales, las casas y sus propias familias. Eran viudas, pero sin serlo porque no tenían la capacidad de iniciar una nueva vida sentimental. Seguían casadas y les debían el honor a sus maridos», relata.
Matiza que estas mujeres tuvieron que hacer frente a unas condiciones muy duras de extrema pobreza y sequía, y que eso marcó para siempre su carácter. Las mujeres rurales de la Palma son «rudas, resilientes y con mucho sentido del humor», describe.
Es por ello que le llama la atención que el audiovisual español y europeo haya prestado tan poco interés a las mujeres de la ruralidad. «La figura femenina rural no esta suficientemente representada en los relatos hegemónicos de la historia del cine, la literatura y la pintura», denuncia.
Achaca esta ausencia de historias femeninas de la ruralidad al «sistema patriarcal» y a que las artes «han estado en manos de quienes ejercían el poder, es decir, los hombres». Una realidad que es momento de que cambie.
Fuente EFE (efeminista.com)
Portada: La cineasta y realizadora Macu Machín en imagen. Créditos: Macu Machín
