Por Cristina Bazán y Ane Amondarain
La violencia política de género es una forma más de violencia machista que lleva a las mujeres a cuestionarse si deben o no ocupar los espacios de la vida pública que se han ganado a pulso, lo que provoca que muchas abandonen sus puestos y sus carreras, asegura la periodista chilena Fabiola Gutiérrez, quien ha realizado investigaciones sobre este tipo de agresiones en los últimos años.
«Hay un tema del que poco se habla y es el impacto [de esta violencia] en la salud mental de las mujeres que están en la política, pero también en las que son lideresas, porque hablar de la política no sólo es habitar espacios o estar en la política más dura, como la administración pública o el Parlamento; también tiene que ver con las mujeres políticas que están ocupando roles importantes en el ámbito de lo social, que son defensoras de derechos humanos, que trabajan desde lo territorial y por los derechos humanos de las mujeres», explica Gutiérrez en una entrevista con Efeminista.
La también coordinadora general de la Red de Periodistas y Comunicadoras Feministas de Chile, que ha visitado recientemente Ecuador para participar en el Festival de Periodismo Feminista Zarelia, agrega que el impacto es tan grande que «las lleva a cuestionarse si ese es el sitio que tienen que ocupar o no», debido al acoso que sufren y al poco apoyo que reciben de las organizaciones políticas a las que pertenecen.
Las mujeres reciben ataques en redes sociales, cuestionamientos públicos sobre su vida privada, amenazas, violencia física y se les impide ejercer el poder para que el fueron electas, entre otras agresiones.
Este tema ha cobrado especial relevancia en los últimos meses en Ecuador, luego de que la vicepresidenta del país andino, Verónica Abad, denunciara al presidente Daniel Noboa así como a otros miembros de su Gobierno, por presunta violencia política de género, una demanda que la Justicia del país admitió a trámite el pasado 24 de agosto.
Pero también es un tema que está vigente en toda América Latina, especialmente en contextos electorales, y que se visibilizó con fuerza en 2012 y en 2018, tras los asesinatos en Bolivia de la concejala de La Paz Juana Quispe y en Brasil de la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco.
Con este tipo de violencia que se manifiesta tanto de manera online como offline, explica Gutiérrez, se busca cuestionar a las mujeres que están en los espacios de representación, que tienen un lugar en la política, a lideresas, incluso a periodistas y a defensoras de derechos humanos por medio de hostigamientos llenos de estereotipos de género.
Además, reconoce que es una realidad que va en aumento en varios países de América Latina, como Chile, El Salvador o Argentina, entre otros, debido a la creciente «polarización» en la región.
«Pareciera que las mujeres no pudieran habitar espacios que están mayoritariamente habitados por varones y siempre se cuestiona sus habilidades y capacidades técnicas, políticas, sociales o culturales. Siempre está muy vinculada a los mandatos de género que nos impone una sociedad machista y patriarcal», señala.
Y como las legislaciones que buscan prevenir y sancionar este tipo de violencia son muy nuevas o inexistentes en los países de la región, muchas políticas o lideresas no tienen las herramientas para enfrentar aquellas situaciones «y obviamente se terminan retirando del espacio político, del espacio social, y eso alimenta la desigualdad porque la participación de las mujeres es importante para fortalecer la democracia», menciona la periodista.
Gutiérrez enfatiza en que es la existencia de estos estereotipos los que definen a la violencia política de género, por lo que cree que es importante que no se confunda a este tipo de agresiones con mecanismos de control político o social hacia las mujeres que ejercen cargos públicos.
«Si se realiza un control para ver cómo esa persona cumple su rol, eso no es [violencia política de género]. Ahí no hay que aprovecharse. La línea a veces puede ser muy delgada, pero hay que estar siempre alerta», advierte. Explica que el que existan mujeres en el poder público que utilicen a este tipo de violencia para evitar un proceso de contraloría o cuestionamientos por su trabajo provoca un gran daño a la lucha de las mujeres y perjudica a las lideresas que sí están sufriéndola.
Gutiérrez señala también que las representantes políticas enfrentan este atropello independientemente de su ideología política, y defiende que «los derechos conquistados son para todas».
«No importa si eres de derechas o de izquierdas, no debemos avalar la violencia bajo ninguna circunstancia y es importante tener esa claridad indistintamente de si te gusta quién está en el mandato o no», agrega.
Además, porque la violencia la reciben mujeres de todas las ideologías. En uno de los estudios que realizó en su natal Chile, en el contexto del proceso para cambiar la Constitución que data de 1980, se determinó que el 80 % de las mujeres que fueron candidatas a la Convención Constitucional, fueran éstas de izquierda o de derecha, recibieron violencia política. La mayoría de las agresiones provenían de hombres.
A las políticas se las criticaba por su edad, por su trayectoria académica, por si eran de determinados pueblos, razas o etnias, recuerda la experta.
Para intentar combatirla, la periodista apela a la importancia de que las políticas tejan redes entre ellas para que no se sientan solas e insta a las instituciones a crear y a cumplir las leyes y protocolos ya establecidos.
Fuente EFE (efeminista.com)
Foto portada: La periodista chilena, Fabiola Gutiérrez durante una entrevista con EFE en Quito (Ecuador). EFE/ José Jacome
