Por Claudia Rodríguez*
En los últimos días hemos visto desfilar en las redes un sin fin de publicaciones y mensajes, con opiniones de todo tipo:
Los que se ofendieron por la representación de la pintura de Da Vinci de la última Cena, que por cierto, no era la última cena, sino del “Festín de los Dioses “del Francés Jan Harmensz. Lo cual desde mi punto de vista me parece más lógico ya que se trata de un pintor francés y de una representación de los Dioses griegos, quienes crearon las olimpiadas.
Los que criticaron a la boxeadora argelina Imane Khelif, acusándola de ser Trans o los que han tenido en el escudriño al nadador chino Pan Zhanle porque “no es humano lo que realizo” o porque si logro ese récord, “seguramente fue por drogas”, sometiéndolo a un sin fin de pruebas antidopaje.
Toda esta vorágine de información me hace cuestionarme ¿cuál es mi postura en todo esto?, ¿Qué estamos haciendo como sociedad? vivimos ensimismados creyendo que solo nuestra opinión vale y que todos a nuestro alrededor deberían pensar igual, sin darnos cuenta de que estamos rodeados de personas que piensan, sienten y viven de manera diferente alrededor del mundo, con capacidades distintas, con educación y culturas tan variadas, personas que pensando diferente crean la riqueza de la humanidad.
Las olimpiadas se realizan para la buena convivencia de las naciones, el intercambio cultural y la unión de los continentes, no para criticarnos unos a otros, pero esto que vemos reflejado hoy en opiniones, criticas e insultos es solo el reflejo de nuestra sociedad.
Somos hijos de un mundo egoísta y ensimismado, pero es tiempo de despertar, de abrir los ojos. De tomar ejemplo de las actitudes positivas, hablemos del deportista Iván Fernández que durante el cross de Navarra sorprendió al mundo al empujar a Abel Mutai para que este pudiera llegar a la meta ya que el Keniano, se confundió con las señales y creyendo que había llegado disminuyo su velocidad, Ivan Fernández declaró que el no lo había dejado ganar, que el Keniano iba a ganar y que el solo le ayudo, que no podía adjudicarse el triunfo pues eso no tendría mérito.
O la conmovedora premiación de la gimnasta brasileña Rebeca Andrade, quien fue reverenciada por sus compañeras Simone Biles y Jordan Chiles en el podio, lo que mostro un gran compañerismo, apoyo y respeto entre los atletas.
No podemos seguir hablando sin conocimiento de causa, no podemos seguir atacando a otros en la cobardía detrás de una pantalla, quejándonos de la sociedad que tenemos sin poner de nuestra parte nada para hacer mejor a la sociedad en la que vivimos, cada uno desde nuestra trinchera tenemos el deber de aportar algo para mejorar nuestro entorno.
No se trata de estar de acuerdo con el otro, no se trata de pensar igual, se trata de entender que cada persona tiene su propia historia, cultura, ideología y contexto y que en el respeto hacia el otro está el crecimiento y desarrollo de la humanidad, considero que, en ese sentido, no podemos esperar que el otro se conduzca de la misma manera, lo que se debe esperar es respeto para todos y entre todos.
No se pretendo hacer de esto un artículo deportivo, no soy experta en el tema, pero como historiadora puedo comprender que las guerras están basadas en mucha parte en la falta de respeto, en el querer imponer un pensamiento sobre el otro y eso de ninguna manera llevara a la paz.
Tenemos que hacer un alto y preguntarnos si el discurso de inclusión tan en voga en los últimos tiempos está siendo llevado a cabalidad, si el respeto es en ambos sentidos, si estamos tratando al otro como esperamos ser tratados, Por citar un ejemplo, ¿estamos volteando a ver a los discapacitados o personas en situación vulnerable para poder incluirlos en nuestra sociedad también a ellos?
Las empresas, ¿Están participando activamente en esta inclusión social en todos los ámbitos o solo siguen una agenda política, comercial o económica?
Con todo esto no es mi interés ofender a nadie, sino plantear algunas preguntas que me surgen al leer las redes sociales, desde mi punto de vista, hoy que las redes sociales nos permiten conocer el mundo a través del internet, es cuando más globalizados deberíamos tener nuestro pensamiento, cuando la cultura esta más al alcance de todos es cuando más conocimiento deberíamos tener, cuando más tolerantes y respetuosos deberíamos de ser.
Sin desear centrarme en el debería, ni ser repetitiva con mis opiniones, considero, hoy más que nunca que educar en el respeto es fundamental para la sana convivencia y el crecimiento de nuestra sociedad.
*Historiadora de Arte.


