Plumas femeninas

Una novela descubre a Elena Fortún, eterna buscadora de su identidad y creadora de Celia


Por Carmen Naranjo

Elena Fortún fue desde finales de los años 20 y hasta la Guerra Civil una de las escritoras más leídas de España con las historias de Celia, con las que renovó la literatura infantil, hasta que tuvo que exiliarse, una mujer «en constante búsqueda de su identidad personal, literaria, sexual».

Así lo asegura a EFE la escritora María Montesinos, que reconstruye varios años de la vida de Elena Fortún, nombre con el que firmaba sus historias Encarnación Aragoneses (1886-1952) en la novela Te llamaré Celia (Ediciones B).

En concreto, novela los trece años en los que Fortún se convierte en la escritora más leída del país, desde su llegada al Madrid en ebullición de la Segunda República hasta su exilio: la temprana muerte de un hijo, la compleja relación con su marido militar, la amistad con las grandes intelectuales del momento y la aparición de un amor prohibido por una mujer a quien entregará su corazón.

Montesinos quería recuperar su memoria, que considera un poco olvidada, al igual que las de otras mujeres de una época «apasionante desde el punto de vista femenino», llena de intelectuales, filósofas, artistas, pintoras, novelistas, poetas y científicas que vivieron años de esplendor cultural en el Madrid de la época.

Una novela recupera la vida de Elena Fortún

Fue en 1928 cuando María Lejárraga presentó a la autora a Torcuato Luca de Tena, director de ABC, en cuyo suplemento ‘Gente Menuda’ comenzó a escribir las historias de una niña de clase media alta, llamada Celia, que tuvieron un gran éxito. Posteriormente, firmó un contrato con Aguilar para editar las aventuras de Celia en varios volúmenes.

Unos años en los que Elena Fortún frecuentaba la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club, donde coincidió con esas mujeres que fueron las «pioneras del feminismo» español aunque ellas no lo supieran, destaca Montesinos.

A Fortún le costaba no obstante hacerse valer porque, recuerda Montesinos, tenía baja autoestima: llevaba media vida a la sombra de su marido, dedicada a criar a sus hijos y es en 1924 cuando toma las riendas de su vida y sale a buscar su propio camino y recupera un poco de confianza para lo que fue muy importante su grupo de amigas.

Hasta entonces no se reconocía en su homosexualidad, explica Montesinos, porque «estaba tan lejos de su educación, de su cultura, de su posición..». Pero conoció a otras mujeres, como Victorina Durán, que fue una de sus grandes amigas, y se quitó «el velo de los ojos».

La creadora de Celia revolucionó la literatura infantil de la época, ya que hasta entonces -relata Montesinos- «eran historias en las que los niños se comportaban casi como adultos, como viejos, porque Actuaban un poco como se esperaba de ellos. Al final, los cuentos siempre tenían un fin didáctico, pero también un poco moralizante en relación con los valores de la Iglesia».

 

Y entonces llegaron los cuentos de Fortún «que son simplemente de niños que hacen de niños, que hablan como niños y que discurren a la manera de los niños con su propia lógica. Frescos en el lenguaje, muy coloquiales y ágiles y sobre todo muy divertidos», destaca.

Unos cuentos que para Montesinos son «completamente actuales» y que cree que, como en el caso de ‘Celia en la revolución’, deberían ser lectura recomendada en los institutos de toda España porque relatan un momento de la historia, la de la Guerra Civil, a través de los ojos de una niña de 15 o 16 años con la que se podrían identificar los alumnos de esas edades.

Durante la Feria del Libro de Madrid se realizó un homenaje a Elena Fortún para hablar de la importancia de sus personajes en la literatura española.

Fuente: EFE (efeminista.com)