Por Gabriela A. Guevara*
La familia, la escuela, el trabajo, el deporte, etcétera, son sistemas que funcionan dentro de otro sistema que es la sociedad en la que vivimos.
A veces lo que sucede en un sistema se replica en el otro o tiene estrecha relación. Como somos y como actuamos se refleja en todos los sistemas que interactuamos, el vínculo familiar que no funciona puede estar reflejado en una relación laboral difícil con un jefe o compañero, o con el grupo.
Se trata de agudizar los sentidos, de ir para adentro así las preguntas serían el espacio físico donde suceden los acontecimientos (afuera) y las respuestas serían el consciente individual o colectivo (adentro) nuestro interior. El síntoma sería lo que llamamos problema y la enfermedad lo que hay que tratar, lo oculto del iceberg. Todo el tiempo es el mismo juego adentro y afuera, lo que somos y lo que vemos.
Así las lealtades al clan familiar o laboral se replican en la obediencia o no del que observa el conflicto en las relaciones y que se refleja en frases como: “acá se hace así”, “siempre se hizo así”, “sino te gusta…” o “porque lo digo yo”, “en esta familia siempre se respeta…”, “que van a decir…” Un grado más en las lealtades tiene que ver con creer no merecer, no ser suficientes, no querer superar a los padres o a los compañeros, etcétera.
Si tuviéramos plena conciencia que en cada sistema hay mujeres sosteniendo subsistemas pesados por lealtades o roles establecidos…el camino sería menos doloroso que pedir igualdad, ¿porque pedir? solo hay que moverse de lugar…
Los secretos de familia (violaciones, excluidos, los no nacidos, hijos criados por otro familiar, adoptados, etc.) son como el silencio del callar en las organizaciones (rutinas defensivas de Chris Agyris) sobornos, acosos, pactos, puestos por parentesco, etc. Todo lo que no se ve es lo que está más presente, es lo que interrumpe la libre energía (la brecha entre lo que se piensa y lo que se dice es cada vez mayor), “no sé porque, pero el aire se corta con cuchillo”.
De lo que no se habla en las familias eso que se sabe, pero no se nombra también se da en el trabajo y eso es lo que molesta, pero no se dice (el inconversable).
El miedo y la culpa operan en ambos sistemas, ya sea miedo a que un familiar enferme, a que muera, culpa por no cumplir con el mandato, en el ámbito laboral el miedo al cambio a lo nuevo, a la innovación, miedo a que sepan más, miedo compartir la información miedo a que los echen, etc. O culpa de hacerlo mal, a equivocarse.
Lo mejor que nos puede pasar es iniciar un trabajo interior de reconocer nuestro Ser e integrar la sombra y el ego, sin embargo, hacemos lo mejor que podemos con nuestras partes rotas y tratamos de reparar desde la medicina pasando por las distintas terapias holísticas. En definitiva, no importa por donde empecemos o el recorrido que hagamos, el verdadero viaje es hacia el interior.
La clave es no querer solucionar solo lo que se ve porque es el síntoma que lleva a lo que realmente funciona mal. Evidenciarlo ponerlo sobre la mesa, hacerlo consciente, repara. Conversar y buscar las verdaderas causas siendo empático con el proceso del otro que también esta inmerso en el sistema, pero quizá con un grado de consciencia diferente.
Esto es solo una pincelada de la complejidad del mundo de las relaciones y vínculos, a lo que habría que sumar la personalidad de cada individuo (Eneagrama de la Personalidad) con sus diferentes patrones de comportamiento.
Si nos diéramos cuenta de que no son los otros, ni la familia ni los compañeros sino como estamos viendo el mapa: sin instrucciones o dado vuelta. Cambiando el observador cambia el escenario.
*Coach Ontológico Profesional

