La importancia de la educación para el crecimiento personal y profesional es evidente, pero cuando se piensa en su impacto para una buena nación sus repercusiones positivas son muchas y ameritan seriedad y buena reflexión en la ejecución de proyectos, en sus trabajos con personas de todas las edades.
Podemos verificar que la educación se entiende partiendo de que es un derecho fundamental de todas las personas y la clave para la construcción de sociedades más justas y equitativas.
A nivel general, la educación es considerada un factor de producción, pues permite terminar en forma total con muchos de los problemas económicos de una nación y funge como instrumento regulador de las desigualdades sociales dado que mejora los niveles de empleabilidad en el país, afirma los valores y la identidad cultural de las sociedades, fortalece la democracia y el estado de derecho y fomenta la innovación científica y tecnológica.
Para cumplir con estos objetivos, todos los que trabajamos en educación la debemos ver como una inversión y no como un gasto debiendo estructurarse con base en aprendizajes que sean los pilares del conocimiento y logren ser altamente significativos para quien se educa.
Por todo lo expuesto anteriormente se puede afirmar que la educación es un proceso mediante el cual el individuo logra integrarse a la sociedad. El concepto de sociedad supone la convivencia y la actividad conjunta de las personas y la valoración de las diferencias.
En conclusión, la educación es un catalizador del progreso y herramienta esencial para las sociedades en tiempos de crisis, es por ello que se le debe dar una mirada y atención más profunda y contemplativa para lograr una sociedad más comprometida que brinde posibilidades de un futuro de vida con proyección laboral para todos los habitantes en nuestra propia tierra.
Por Marisa Plano.
Lic. en Ciencias de la Educación

