Inclusión

Opinión de Marisa Plano: «El valor de las diferencias»

La discriminación es una práctica cotidiana que consiste en hacer una distinción a una persona o grupo social. La discriminación a las personas con discapacidad se ha dado por falta de conocimiento de la sociedad sobre esta condición, esto ha impedido que puedan gozar de sus derechos y tener una vida plena.

En mi carácter de educadora y Licenciada en Ciencias de la Educación hace 8 años que realizo un acto titulado “por la NO discriminación” (decretado de Interés Municipal por el Decreto 50594 del Concejo Municipal de la Ciudad de Rosario) en el cual personas con y sin discapacidad muestran sus aptitudes artísticas, culturales, de destreza, etc. destacando que en la vida todos tenemos capacidades y limitaciones, por lo tanto, nadie tiene el derecho de discriminar al otro cerrándole puertas a su accionar.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que todos somos iguales ante la ley y tenemos los mismos derechos. Sin embargo, en la vida cotidiana existen situaciones de desigualdad y discriminación hacia algunas personas o grupos. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Es posible combatir los prejuicios y aceptarnos tal cual somos?

Asumir la diversidad significa, aceptar la inter y multiculturalidad como un nuevo paradigma de Organización Social. Porque por encima de todas las diferencias que existen entre los seres humanos, TODOS SOMOS PERSONAS.
Es importante rescatar el concepto de dignidad humana como el derecho que posee cada ser humano, de ser respetado y valorado como un ser individual y social con sus características y condiciones particulares, porque en esencia todos somos iguales como sujetos de derecho. Entonces, es preciso determinar que la dignidad es un valor inherente al ser humano desde el momento mismo de su concepción. Así pues, queda claro que este es un tema de preocupación e interés histórico basándose en el desarrollo de los pueblos, culturas y naciones.

Tengamos presente que vivimos inmersos en una diversidad funcional en donde cada persona incorpora un modo singular en su accionar. La diversidad funcional es el resultado de tener en cuenta todas las formas posibles de funcionamiento.
Respetar la diversidad funcional en una sociedad implica garantizar la expresión de todas las formas de conducirse en la vida.
Debemos proyectarnos hacia una serie de iniciativas que planteen una revisión del diseño de los entornos, explorando las posibilidades de un nuevo enfoque en el que la vida de la diversidad funcional sea el punto de partida en el desarrollo de los procesos de diseño.

No olvidemos que la discriminación por motivo de discapacidad es experimentada por millones de personas en el mundo.

Nos desenvolvemos en sociedades en las que se establecen patrones de normalidad que llegan a definir la manera de funcionar física, sensorial y psicológica, que por lo general no favorecen a incluir otros modos de funcionamiento. La inclusión social se define como un proceso que asegura a todas las personas oportunidades y recursos necesarios para participar, con equidad en lo social, cultural, económico, etc., sintiéndose parte del proyecto de vida. Entendamos que la diversidad personal y cultural es consustancial al ser humano y contribuye a su enriquecimiento; existen diferentes formas de sentir, pensar, vivir y convivir, por eso entendamos que la aceptación de la diversidad enriquece la esencial similitud que tienen todos los seres humanos.

Para concluir dejemos en claro que la experiencia de vida en relación con otros, es decir la convivencia, se hace posible a partir del respeto por el principio de igualdad, justicia y libertad. Por eso a modo de reflexión y toma de conciencia pensemos que dándole valor a las diferencias, que cada uno poseemos, surge la tan necesaria, mencionada y aclamada inclusión social.

Por Marisa Plano – Licenciada en Ciencias de la Educación