En sus orígenes fue música de suburbios, nació en Buenos Aires a finales del siglo XIX como una mezcla de varios ritmos y se lo asociaba con burdeles y cabarets, pero el tiempo hizo que el tango como danza trascendiera esos ambientes bajos y llegara a los barrios proletarios, fue aceptado por las mejores familias y una vez que tuvo éxito en Europa se transformó en popular e internacional. Pero ni Gardel, ni Troilo, ni Piazzola, ni los maestros Pugliesse y D’arienzo, entre otros grandes, se imaginaron que hoy esta bella danza se usa como terapia.
Concentración, improvisación, sensibilidad, creatividad, capacidad de relación social, expresión, reflejos, coordinación y precisión, son algunos de los aspectos individuales que se activan al bailar tango. El tango posee un lenguaje propio, podríamos decir que tiene su propio código y que la persona que comienza a bailarlo tiene que aprenderlo. Una forma particular de caminar, los cruces, los giros, los cortes, las quebradas y los ocho, son algunas de las claves generales, lógicamente después cada bailarín le da su impronta personal. También juegan un papel importante la respiración, la relajación y el equilibrio. Al hacer falta dos personas para bailarlo cada uno debe plantearse que es la mitad de algo, se pierde el individualismo para crear una unidad. Los profesores que enseñan tango dicen que los cuerpos de las personas que lo practican se transforman a medida que avanza la música, esto se debe a que mejora la capacidad aeróbica; favorece la postura y la flexibilidad.
Desde hace bastante tiempo la tangoterapia, como se denomina la práctica de esta danza con fines terapéuticos ha sido usada en pacientes con Alzheimer o algún otro tipo de demencia, los mismos encontraron en esta disciplina un espacio que ayuda a contenerlos y les brinda la posibilidad de crear un vínculo. Acá en la ciudad de Rosario en el centro de día de la Clínica de Memoria, que dirige el médico neurólogo Gerardo Tiezzi hace ya algunos años que se puso en práctica con resultados más que positivos. Estudios realizados por la Fundación Favaloro, arrojaron como resultado que también esta música tan nuestra hace bien al corazón y al cerebro. Sostienen que previene problemas cardiovasculares y que además se aplica como terapia para pacientes con hipertensión y depresión, además del mal de Alzheimer que ya mencionamos en el párrafo anterior. A esto hay que agregarle que los profesionales aseguran que retarda el proceso natural de envejecimiento.
Ineco y una prueba con tangueros
Investigadores del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), realizaron un trabajo con 80 tangueros, algunos profesionales y otros principiantes y descubrieron que los más expertos pueden prever cuándo se va a cometer un error y de allí poder ver como el cerebro se activa anticipando lo que va a suceder. Este estudio demandó un año ya que había que analizar 500 videos, de los cuales se seleccionaron imágenes de cinco segundo donde había pasos perfectos, errores sutiles y errores groseros. Una vez seleccionada estas imágenes se les pidió a los protagonistas que los vieran y ahí dijeron cuando iba a ocurrir la falla mientras se registraba la activación del cerebro mediante electroencefalograma. El resultado final de esta experiencia arrojó que solo los expertos en este tipo de baile, detectaban en el cerebro 400 milisegundos antes que estaba por ocurrir el error. Otra de las observaciones que hicieron los científicos fue que el cerebro de los más experimentados, procesaba los pasos de baile de manera similar a como se procesa el lenguaje en cualquier persona, en cambio en los novatos esto no ocurría. La finalidad del estudio, que en este caso se hizo con tangueros, era descubrir algunos de los mecanismos cerebrales que nos permiten anticipar acciones.
Para tener en cuenta: “Con el corazón en el tango”
En un libro titulado “Con el corazón en el tango”, sus autores los cardiólogos Ricardo Comasco y Roberto Peidro de la Fundación Favaloro, expresan que entre los beneficios del 2×4 se pueden incluir: disminución del colesterol total y el colesterol malo (LDL), mejoramiento de la tolerancia a la glucosa previniendo la diabetes de tipo II o ayudando a su tratamiento, prevención de la hipertensión, mantenimiento y mejoramiento de la fuerza, de la resistencia y la masa muscular, previniendo la osteoporosis.


