Si por tener emociones, pensamientos, opiniones o acusar a alguien de mentirme me llaman loca, que así sea. Pero lo que es más importante, dejemos de relacionarnos con personas que piensan que tener emociones equivale a ser inestable.
Crecí en una familia de mujeres fuertes que nunca dudaron en expresar sus opiniones, en hablar y “no aguantar mierdas”, así que supongo que habiendo tenido ese ejemplo, y razón por la cual este artículo es un tema que me resulta personalmente delicado es que la sociedad ha cuestionado tradicionalmente a las mujeres que se expresan y comunican sentimientos, incluída la ira y que, a menos que las dulcifiquen con sonrisas y amabilidad, echan para atrás a la mayoría de gente. Pero, como escribió Lisa Taddeo en The Guardian:
También estoy enfadada conmigo misma. Estoy enfadada con mi historial de disculpas. […] Estoy enfadada todo el rato […] Yo – aún sin querer ofender – ya me he inventado una excusa.
A menudo veo memes que tienden a aclarar temas, problemas y términos muy pesados y oscuros, y sí, de eso se tratan la mayoría de ellos, pero el de la “mujer loca enfadada” se está pasando de moda. A menudo corremos a descartar, especialmente a las mujeres, llamándolas “locas” tan pronto como muestran su enfado y levantan la voz. Y echando la vista atrás en un momento en particular dado llegué a ser una “perra loca” y, con el paso de los años, me he dado cuenta de cómo he estado tan condicionado que a veces no peleaba, sino que me comportaba como un cachorro culpable y pedía perdón por una razón tan simple y honesta como expresar lo distanciada y alejada que me sentía de la otra persona y cómo no estaba de acuerdo con algo, todo el tiempo preguntándome por qué no me mantenía firme y por qué era tan malo decir esas cosas y expresar lo que estaba sintiendo. “Estoy un poco cansada de todos los hombres a los que he tenido que hacer sentir mejor”, afirmó Taddeo, y yo, al igual que muchas otras personas, estoy segura, de que me encuentro en ese mismo barco pero, una vive y aprende.
Cuando leí el artículo que he mencionado, que habla de esa sensación de estar tan sobrepasada por tus emociones y a su vez no sentir que tienes la libertad de expresar tu enfado por temor a que alguien te etiquete como “desquiciada” o “perra loca”, decidí discutirlo con un hombre que me encanta para entender cuáles eran sus pensamientos al respecto y si entendía o quería entender cómo las mujeres percibimos a veces esa realidad. A pesar de que tenía una mente bastante abierta, dijo algo que ahora supongo que no se aleja mucho de lo que muchos otros han respondido en el pasado, y fue algo así como: “Supongo que los hombres no nos paramos a pensar o a ver estas cosas porque son la norma”. En realidad, me dio una pista y me molestó un poco esta respuesta porque, como me imagino que te pasará también, otra forma de verlo habría sido: ¿por qué no te paras a analizas estas actitudes en detalle y piensas cómo nos hacen sentir a las mujeres? ¿Y por qué siempre tenemos que ser nosotras las que tenemos que hacer que os cuestionéis esa norma?
A veces siento que hay una línea tan fina que nos separa de que se nos considere o no locas, que es como si tuviéramos que sopesar cada pequeña palabra y gesto porque cualquiera de ellos es susceptible de ser malinterpretado. Por supuesto, nadie se va a detener a preguntarse por qué has llegado a un momento particular en el que estás tan harta que lo que necesitas es una buena pelea para canalizar tu enfado y que los demás escuchen de verdad lo que tienes que decir. Quizás el problema aquí es un poco de ambos lados: muchas de nosotras a menudo creemos que no tenemos derecho a estar enfadadas y que es mejor poner la otra mejilla y, al mismo tiempo, nuestra sociedad todavía está aprendiendo a aceptar lo contrario. Al sentirnos intimidados como sociedad por las emociones femeninas, hemos conservado esa etiqueta de “perra loca” que es útil en cualquier situación en la que no nos gusta cómo una mujer nos confronta, o que nos confronte, si quiera.
Me gustaría hacer una comparación con los hombres – por favor, quédate conmigo, te prometo que no voy a meterme con ellos – a quienes no se les cuestiona el juicio y tampoco se les etiqueta como locos por pequeñas cosas y, tampoco se les cuestionan constantemente sus emociones como un corsé restrictivo que limita su libertad; más bien en cambio, se les disculpa la mayoría de las veces, lo que confieso que me hace hervir la sangre y lo hace por varias razones, razones a las que Karen Rinaldi les puso palabras en la revista TIME.
Se perdona a los hombres por su mal comportamiento porque se supone que, en el fondo, tienen buenas intenciones. No pueden evitar ser beligerantes o abusivos porque, bueno, “eso es lo que hacen los hombres”. Esta generalización es completamente injusta: injusta con los hombres que no se portan mal e injusta con los hombres que sí lo hacen y necesitan ayuda e injusta con las mujeres.
Creo que estas palabras dejan en claro lo grave que es este problema social y cuán urgente es que lo veamos como tal, independientemente de nuestro género. Por supuesto, de ninguna manera buscamos excusar verdaderos problemas de comportamiento, mentales y de ira como en el caso de Alex en Atracción fatal cuando hierve a ese pobre conejito; ella tiene problemas serios. Y, de nuevo, eso en sí mismo es otra gran preocupación; cómo todos hemos sido testimonios de la romantización de las mujeres enfadas en películas que son despojadas del dolor, abuso y maltrato que pueden haber experimentado en la vida y reducidas al concepto – de “mujer loca” que te raja los neumáticos o te hace añicos las camisas.
La cuestión es que estamos hartas y cansadas de tener que fingir que como mujeres no sentimos ira; a veces a nosotras también nos gustaría gritar a pleno pulmón a causa de la frustración y deberíamos dejar de creer que no tenemos derecho a mantenernos firmes solo porque nos dicen que estamos exagerando; decir estas cosas debilita nuestro juicio. La sociedad en conjunto, porque somos todos los géneros los que llaman “locas” a las mujeres por estar enfadadas, debemos dejar de juzgar tan rápido a las personas por lo que hacen cuando no sabemos nada de la situación en la que se encuentran, y eso es algo que debemos valorar con respecto al mal hábito y demasiado común de excusar a otras personas también, y como mujeres, debemos permitirnos sentir ira y no sentirnos culpables por hacerlo. Por lo tanto, paremonos a pensar antes de llamar a una mujer “perra loca”, y también seamos más rápidos en analizar si un hombre se aprovecha de nosotras para excusar o elevar constantemente su propia ira: busquemos un equilibrio y sopesemos las actitudes de todos los géneros en igualdad de condiciones. De manera que la próxima vez que estemos a punto de juzgar la reacción de enfado de una persona, primero nos preguntemos cuál es la verdadera naturaleza de esa emoción y cómo y por qué la persona ha reprimido o no la necesidad de mostrarse explosiva al respecto.
Fuenetee: Freeda.es
