Aunque es un tema siempre polémico y ciertamente muy delicado porque a menudo, suele asociarse con la salud, la gordofobia sigue estando aún rodeada de prejuicios y es un estigma para muchas personas hoy en día. El odio o el rechazo hacia las personas con sobrepeso sigue tristemente enraizado en nuestra cultura y repercute negativamente en la salud física y mental de muchas personas y en su voluntad de luchar contra el sobrepeso.
A pesar de lo que argumentan algunas voces que son especialmente duras y a veces, me atrevería a decir que insolidarias con la idea del sobrepeso, defender a las personas gordas no es, ni mucho menos, defender las enfermedades relacionadas con la obesidad, sino tratar de detener la gordofobia, un fenómeno, que revela intolerancia hacia algo o alguien, y que se utiliza como excusa para denigrar y discriminar a las personas con sobrepeso, y también, de paso, afecta todas las que, simplemente, no son delgadas o tienen cuerpos que difieren del estándar. Como ya hemos comentado en alguna ocasión, aunque el peso y la salud están relacionados, no son sinónimos y es importante comprenderlo para evitar seguir reproduciendo este tipo de prejuicios que nos afectan a todos.
De hecho, la gordofobia, concluye el reciente estudio de la University of Connecticut, considerado como la “investigación multinacional de asociaciones entre el estigma del peso y las experiencias de atención médica”, lejos de ayudar a las personas con sobrepeso, – que suele ser un argumento de aquellos que abanderan la lucha contra el sobrepeso, sin detenerse a valorar las posibles y múltiple causas del mismo – condujeron a muchos de ellos a culparse a sí mismos y a evadirse del cuidado de su salud.
Y es que, según informa la CNN, el estigma del peso es tan frecuente como perjudicial para la autoestima de una persona y suele alentar un detrimento su voluntad de buscar atención médica para su problema, por lo que según afirma Rebecca Puhl, directora del Rudd Center for Food Policy and Obesity y autora principal de los últimos estudios al respecto, este delicado tema se ha convertido en una cuestión de “injusticia social y un problema importante de salud pública”.
Pero esta discusión no es nueva. La problemática de la gordofobia parece ser como un pequeño barco indestructible que va y vuelve empujado por los vientos de las tormentas pero que no termina de naufragar. Sus efectos y mecanismos nos los han tratado de explicar hasta la saciedad las personas de nuestros círculos íntimos y también las influencias o celebridades que se han visto afectadas por esta forma de odio y lo han descrito brillantemente escritoras como Roxane Gay en Hambre: para ella comer se convirtió en una forma de protegerse del mundo, gracias a la paradoja de que cuánto más grande eres, menos visible eres y, por tanto, menos deseable y menos susceptible de ser atacada de nuevo.
Y es que según las investigaciones, tanto las actuales como algunas anteriores, cuando las personas experimentan el estigma del peso y lo internalizan, eso en sí mismo ya predice un aumento de peso en el futuro. Se corroboró en los dos estudios más recientes y era común a todos los países: las personas que se culpan a sí mismas por su peso, aumentaron de peso en el último año. Y no solo para Gay, sino para millones de personas con sobrepeso en todo el mundo, que son atacadas y despreciadas por su físico, el comer acaba por convertirse en un refugio y sus kilos en un escudo con el que se protegen del dolor.
De hecho, esto suele ocurrir con especial virulencia en la infancia – cuando somos más vulnerables y estando en desarrollo las burlas con respecto a nuestra apariencia pueden tener un impacto significativo sobre nuestro auto-concepto -, según datos del mismo estudio, los compañeros de clase ocupan el segundo lugar en esta escala de humillación, y un 72% a 81% de los participantes de la encuesta afirman haber sido objeto de burlas o acoso en el colegio. Tristemente, se demostró que incluso los amigos eran críticos o crueles con el peso de una persona: entre el 49% y el 66% de personas gordas habían experimentado comentarios negativos por parte de su círculo de amigos íntimos. Por eso, una forma adecuada de mejorar es que el cambio de actitud comience en casa, con conversaciones sobre comportamientos saludables, libres de vergüenza o juicio hacia el peso del niño. Puhl sugiere:
Nuestros estudios muestran que cuando los padres cambian la conversación hacia comportamientos saludables, eso tiende a ser mucho más efectivo. La atención no se centra en la cifra de la báscula, sino en toda la familia que come frutas y verduras, sustituye los refrescos por agua y hace actividad física diaria.
Y es que muchas veces no nos paramos a pensar las discriminaciones que sufren las personas gordas y los prejuicios a los que deben enfrentarse a diario, simplemente por existir, por salir a la calle, cuando compran ropa o cuándo van al médico. De hecho, los profesionales sanitarios juegan también, lamentablemente, un papel clave en la gordofobia, pues el mismo estudio identificó que entre el 63% y el 74% de las personas encuestadas en Australia, Canadá, Francia, Alemania, el Reino Unido y los EE. UU. se sintieron menospreciadas debido a su peso mientras visitaban a un médico.
Aún así, como sociedad, seguimos discriminando y minusvalorando, aconsejando y juzgando, ya sea de forma consciente o inconsciente, a muchas personas con sobrepeso, que se sienten escrutinadas y esto supone para ellas, e incluso para su lucha contra su sobrepeso, una presión añadida. Pero para los que no la sufrimos, entendamos lo que supone la gordofobia, solo hace falta que pensemos un poco en como en el ultimo tiempo las mujeres estamos defendiendo a capa y espada el acabar con los piropos no solicitados por la calle: todas tenemos claro que no necesitamos la validación masculina y que eso es una forma sutil de abuso, porque no se respetan nuestros limites. Pues ocurre exactamente lo mismo con los comentarios que no hemos pedido a otros relativos a nuestro físico, cuando cuestionan nuestro aspecto o nuestra dieta (si comemos más o menos, más sano o menos) cuando no se lo hemos pedido.
La conclusión básicamente, es que no deberíamos opinar ni juzgar los cuerpos de otras personas por el simple hecho de que no encajen con los estándares de salud y belleza de la sociedad – que además, como sabemos, son cambiantes. Los juicios, no nos engañemos, siempre van más allá de una preocupación acerca de la salud de las personas y siguen todavía muy enraizados como forma de opresión contra los que son “diferentes”, por eso no podemos tolerar que si los estándares no se cumplen, las opiniones no solicitadas se conviertan además, alegre e impunemente, en insultos hacia las personas.
Recordemos que la gordofobia no es más que otra forma de bullying que puede tener graves consecuencias sobre las personas que la padecen, y que como revelan estos estudios recientes acaba consiguiendo el efecto contrario: que las personas gordas recurran a la comida como una forma de lidiar con el estrés y la humillación con la que la sociedad las castiga todavía. Tratemos de combatir y derrocar la gordofobia, y seamos aliadas en la lucha de muchas personas contra su sobrepeso, dándoles un espacio seguro en el que puedan ser quienes son, y si así lo desean, algunas puedan convertirse, con la ayuda de los médicos y el apoyo social, en aquellas que quieren ser.
Por Elena G.
Fuente: sitio freeda.es
