| Hoy se cumplen 103 años del nacimiento de Eva Duarte de Perón.
Con decir solamente Evita, no hacen falta más detalles. No se necesita mencionar nombre y apellido, simplemente Evita basta para que se sepa de quien se está hablando. Su vida marcó una impronta en la sociedad argentina. Su presencia fue valorada por millones y despreciada por otra parte de la ciudadanía.
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Trabajadora incansable despertó sentimientos encontrados. Amor incondicional de sus seguidores y odio implacable de sus opositores. De todas formas no se puede negar que a pesar de la lucha contra sus adversarios, esta mujer es valorada y reconocida por todos, los que militaron en su partido y los que estuvieron en la vereda de enfrente.
Su lucha fue el bienestar de los más desprotegidos, dio batalla a los poderosos y se hizo merecedora del amor que le prodigaron sus “grasitas” o “descamisados”.
Toda esta labor a favor de los pobres, le valió el mote de “abanderada de los humildes”.
Nadie puede desconocer que en su corta vida impulsó una serie de cambios que, en gran medida, beneficiaron a una gran parte de los argentinos. Mucho se ha dicho de su procedencia, de su vida antes de ser la Primera Dama, pero todo eso pasa al olvido cuando se habla de la magnificencia de su obra. Se podría decir que no era para ella el título de Primera Dama, ella era mucho más que eso, era una líder nata dentro del movimiento peronista. Nunca tuvo un puesto oficial en el gobierno, pero actuó prácticamente como Ministro de Salud y Trabajo, hizo del pueblo trabajador su bandera, los premió con aumento de salarios y éstos respondieron a esa acción con el apoyo político incondicional al general Perón.
La acción que le puso en contra a cierta elite tradicional fue la eliminación de los subsidios que el gobierno daba a la Sociedad de Beneficencia, ella con una visión mucho más amplia de las necesidades de la gente, la reemplazó por la Fundación Eva Perón. Esta Fundación desarrollaba una gran cantidad de obras y era sostenida por distintos voluntarios, por contribuciones y los aportes de la lotería nacional. Así durante su gestión se hicieron cientos de hospitales, escuelas, casas de descanso para personas de edad avanzada, institutos de caridad, orfanatos.
Lamentablemente, sus detractores cuando llegaron al gobierno, no sólo rompieron todas las imágenes que quedaban de ella sino que no supieron ser lo suficientemente objetivos, para valorar su obra y gran parte de esa infraestructura quedó abandonada y con el paso del tiempo se fue deteriorando como los centros vacacionales que luego de muchos años fueron rescatados del olvido en condiciones penosas y se trataron de reactivar. Es inconcebible que el odio enceguezca a las personas, al punto tal de no reconocer las cosas buenas del que no piensa como uno.
Fue también la responsable del voto femenino y en el año 1949 formó el Partido Feminista Peronista. Sus discursos estaban llenos de fervor y daban un mensaje de tranquilidad a su pueblo. Tuvo errores y aciertos, como todo ser humano, pero su obra fue grandiosa. Defendió al general Perón con fuerza. Lamentablemente a los treinta y tres años, pierde la batalla frente al cáncer. La lloran millones de argentinos que ante su partida sienten un desamparo entendible, ya que esta mujer había dado dignidad a sus vidas. Existieron también aquellos renegados que no entendieron su mensaje y que se alegraron y festejaron su muerte, pero fueron los menos. La historia le dio la razón, hoy la nombran y la homenajean, adeptos y opositores y un pueblo entero sabe de quien se habla cuando se dice “Evita”. “El pueblo me llama Evita”Ella lo dice de esta manera en el libro “La razón de mi vida”: «Cuando elegí ser Evita, sé que elegí el camino de mi pueblo. Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así. Nadie sino el pueblo me llama Evita. Solamente aprendieron a llamarme así los descamisados. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales e intelectuales que me visitan suelen llamarme ´Señora´; y algunos incluso me dicen públicamente ´Excelentísima´ o ´Dignísima Señora´ y, aun a veces, ´Señora Presidenta´. Ellos no ven en mí más que a Eva Perón. Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como Evita.» |