Hoy se celebra el Día del Animal y desde EQC Mujer queremos hablar de las primeras mujeres veterinarias.
Anatole France decía: “Hasta que no hayas amado a un animal, tu alma permanecerá dormida” y realmente es un sentimiento mutuo, tener una mascota es saber que hay alguien que te quiere y te espera sin exigir nada.
Para ser veterinario no solamente hay que cuidar y conocer a los animales sino que por sobretodo hay que amarlos. Es compenetrarse con los maullidos, los ladridos, los relinchos, los balidos, los mugidos, etcétera y saber entenderlos e interpretarlos. Se podría decir que el veterinario al igual que el médico ejerce el arte de salvar vidas. Hay que entender el lenguaje de los meneos de colas, los mordiscos y arañazos afectuosos, las causas de las inapetencias, los ojos tristes, las orejas caídas y todas las inquietudes que trasmiten las mascotas. Saber entender el lenguaje corporal de los animales es fundamental, son pedidos mudos de ayuda ante una actitud de dolor y ahí está el profesional para aliviarlo. A lo largo del camino van teniendo amigos que jamás lo van a decepcionar.
Amalia Pesce de Fagonde dio el puntapié inicial en Argentina y después de diez años de estudios, ya que durante el cursado contrajo matrimonio, se recibió en la Universidad de Buenos Aires, en el año 1936. Desde sus comienzos se dedicó a la microbiología. Trabajó en la Sección Patología Animal del Ministerio de Agricultura y ganadería de la Nación, donde creó el primer laboratorio de anaerobios. Después viajó a Francia, becada por el gobierno francés en el Instituto Pasteur de París. A su regreso se dedicó al estudio de los sueros y vacunas.
Para esa época, en otras partes del mundo ya había otras mujeres que habían decidido adentrarse en el mundo de la veterinaria y según algunos datos en el año 1903, en Norteamérica, Mignon Nicholson obtuvo su diploma y se transformó en la primera en ejercer la profesión en el mundo. De todas formas hay historiadores que sostienen que fue Alleen Curt, de origen irlandés, que se graduó en el New Collage de Edimburgo, Escocia en el año 1897. Esta mujer para poder cursar la carrera se escudó detrás de un nombre y sexo falso y debido a la guerra recién lo pudo oficializar en el año 1922, razón por la cual se considera a Mignon Nicholson la primera.
En el mismo año que se recibió Pesce de Fagonde pero unos meses más tarde, también obtuvo el título, María Teresa Pansecchi de Marzoratti, quien se dedicó a la carrera docente en la Cátedra de Clínica de Animales Pequeños, desempeñándose primero como ayudante de cátedra y luego como profesora. Al año siguiente en la facultad de La Plata se recibía Emma Mocoroa quién se dedicó a la microbiología. En el año 1942 la doctora Estela Susana Menchaca, reconocida por su destacada actuación en la docencia y en el ejercicio de la profesión, egresó de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Fue la vicepresidenta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y a pesar de su amplio conocimiento cuando la presidencia quedó acéfala no la pudo ejercer por ser mujer. En el año 1945 se presentó a un concurso en la Municipalidad de Buenos Aires y obtuvo el primer puesto y otra vez se encontró con el impedimento que por su condición femenina no podía ocupar el cargo. Cansada de esta situación y perseverante en sus convicciones hizo juicio y lo ganó, de todos modos los colegas masculinos no se lo toleraron y la mandaron a trabajar al Mercado de Concentración de Pescados, que funcionaba de noche, en la madrugada, en Barracas. Ella no retrocedió y trabajó nueve años en ese lugar, organizó el Museo de la Repartición y luego integró las Comisiones Directivas del Consejo Profesional de Buenos Aires y de la Sociedad de Medicina Veterinaria.
Hoy en día el setenta y cinco por ciento de los profesionales que se dedican a la salud de las mascotas son mujeres.

